La bodega familiar de Peñafiel apuesta por prácticas sostenibles y tradicionales para elaborar vinos únicos

En un mundo en el que la sostenibilidad se ha convertido en un valor imprescindible, Bodegas Peñafalcón se presenta como un ejemplo de respeto al medioambiente y amor por la tierra. Desde sus inicios, la bodega ha apostado por una filosofía ecológica basada en los métodos tradicionales heredados de sus antepasados.

La familia Peñafalcón entiende que el secreto de un gran vino está en la viña. Por eso, sus viñedos se trabajan de manera artesanal: no utilizan herbicidas, cavan a mano la entrecalle, aplican azufres naturales, realizan podas en verde y emplean estiércol de oveja como abono orgánico, tal y como lo hacían sus abuelos en el siglo XVII. Además, los sarmientos se trituran para aportar materia orgánica al suelo, favoreciendo un ciclo natural y sostenible.

Sus viñedos, situados en laderas de suelos calcáreos y pedregosos, ofrecen condiciones privilegiadas para la maduración de la uva. Parte de las plantaciones están en solanas, lo que garantiza una maduración extraordinaria y una concentración de aromas que luego se reflejan en cada vino. Este trabajo cuidadoso no solo da como resultado vinos de alta calidad, sino que también asegura la preservación del ecosistema.

En la bodega, la vendimia se recoge manualmente tras una selección rigurosa. Posteriormente, las uvas se someten a un despalillado suave y se trasladan a depósitos de tecnología alemana que simulan, mediante bazuqueadores programables, el pisado tradicional. Todo esto contribuye a mantener un equilibrio entre tradición e innovación, sin perder el respeto por la naturaleza.

El compromiso ecológico de Peñafalcón no es una moda, sino una convicción. Tal como explica Casimiro, al frente de la bodega junto a su esposa, “nuestros viñedos han sido ecológicos desde siempre, porque así lo entendieron nuestros antepasados y así queremos transmitirlo a las futuras generaciones”.

El resultado de esta filosofía son vinos que destacan por su autenticidad, personalidad y pureza. Cada botella cuenta una historia de respeto por la tierra y de amor por un oficio que va más allá de la producción comercial: es una forma de vida.

De esta manera, Bodegas Peñafalcón se consolida como una referencia no solo en la Denominación de Origen Ribera del Duero, sino también en el ámbito de la viticultura sostenible, demostrando que tradición y ecología pueden caminar de la mano.