Con más del 70% de exportación, la bodega se posiciona como referente internacional de la Ribera del Duero

En un mercado global cada vez más competitivo, Bodegas Peñafalcón ha sabido destacar gracias a la calidad de sus vinos y a una filosofía de elaboración que prioriza el cuidado del viñedo y el respeto por las tradiciones familiares. Desde su sede en Peñafiel (Valladolid), la bodega exporta más del 70% de su producción hacia mercados exigentes en Europa, Asia y Estados Unidos.

El secreto de este éxito radica en una combinación de factores: viñedos en laderas de suelos calcáreos y pedregosos, vendimia manual y procesos de vinificación que, aunque apoyados en tecnología moderna, mantienen prácticas ancestrales como el bazuqueo manual. Estos pequeños detalles se suman para lograr vinos de gran personalidad, capaces de competir con las mejores etiquetas del mundo.

La bodega cuenta con diferentes gamas que se adaptan a diversos perfiles de consumidor. Desde el Peñafalcón Crianza, con dos años en barrica, hasta el exclusivo Peñafalcón Siglo XI Gran Reserva, con cinco años de reposo en roble, todos los vinos comparten un sello común: la pasión y el esfuerzo de una familia dedicada al vino.

Este reconocimiento no es casualidad. Más de 56 premios de Súper–Oro y Oro avalan la trayectoria de una bodega que se ha consolidado como un emblema de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Los vinos de Peñafalcón no solo son demandados en restaurantes y tiendas especializadas, sino que también han conquistado el segmento de los llamados “vinos delicatesen”, con ediciones especiales como la línea Siglo XI.

Casimiro, al frente de la bodega junto a su esposa, continúa un legado familiar que hunde sus raíces en el siglo XVII. Su filosofía es clara: “El éxito está en la suma de pequeños detalles”. Ese cuidado minucioso se refleja en cada copa servida dentro y fuera de nuestras fronteras.